El sonido de mis zuelas hacía eco en el vacío cementerio.
Me dirigí a la salida, mientras aún ardían mis recuerdos, me detuve.
Junto a mis pies, había un pequeño charco de agua,
y en él
pude verte a ti y a mí
sonriendo.
Y bueno, anduve tan aburrido alguna vez, que decidí ponerme a escribir. Ni el narrativo ni el dramatico, el Epico tal vez, pero nada me conforta más, que poder hundirme en un mundo de fantasía total donde las letras se fusionen si ataduras a la mas viva e infame historia de amor muerte resentimiento y paz. Escojo la poesia, los poemas y su delicada manera de colarse entre mis manos, mientras intento salvar algunos versos. Rojo verde y dorado.
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