Hoy no es el día
pues el hoy el sabidisimo lector se pregunta
el porque de las notas reflejadas
entre tantos espejos y arañas tejidas
que quiere una vida frágil y ligera el sabidismo lector
y como ruegan las calaminas a los techos de fierro y concreto
¡hay de la lluvia si mi vida fácil fuera!
un poetastro sabe que hoy no es el día
y que tristemente nunca lo conocerá
un poetastro sabe que los poetas no nacen ni se hacen
los poetas mueren, es por eso que amamos la muerte
La dama del fúnebre crespón, de ojos verdes y pálida mirada
cuya sonrisa te destruye por dentro al mismo tiempo que hierbe tus carnales humores
Ella que asusta a muchos es acogida por nosotros
entre los pilares,
La Mort, con mayúscula pues es nombre propio, ¿de que? de la meta propuesta, del ideal a esperar, de nuestros sueños, de ser poetas. El poetastro sacrifica su tiempo su sangre y su carne y la ofrece a la vida, con la pseudoconfianza de que La Mort se nos acerque tiesa y fría y nos de la llave a la inmortalidad, el sello post-morte. La llave de La Mort eleva nuestros textos impuros y los limpia del sucio polvo de realidad encapsuladora y los libera a una generación de nueva de corazones rotos y sentimientos incomprendidos. Como los textos de Aristóteles, renaceremos cubiertos de polvo nuevo, ya muertos viviremos por siempre en los corazones y mentes nuevas que posen su mirada en nuestras profanadas lineas.
Al ser criaturas extrañas y torpes para la vida, el dolor frecuente
nos arremete y acostumbra a su aspereza, quedando solo la alegría de la superación y lucha
néctar casi dionisico, pero nada comparable con un verdadero de los dioses:
L'amour, el sentimiento que destruye nuestra inmortalidad y que nos sume en la mas completa y agonizante felicidad, para el poetastro enamorarse es la falta mas peligrosa y la acertada flecha mas hermosa. L'amour, aquel que nos arranca el dolor y lo provoca, una bocanada de aire seco a quien se ahoga, y una polvareda a un incendio destructor. L'amour lo es todo, pero le tenemos miedo.
L'amour no es predecible ni controlable, no es como la muerte apacible y acariciable. L'amour desgarra y hiere, sin embargo, aunque todos lo neguemos, es lo que en realidad mas buscamos.
El poetastro enamorado es como un ave que cae de lo alto, la sensación del viento, los paisajes, las figuras, formas y olores que invaden nuestras imágenes mentales y revolucionan nuestra vida son sustentados por un par de alas, los suaves pechos de una dama, los muslos ardientes, bellos brazos o aun mejor, profundos ojos.
El poetastro enamorado no quiere morir ya, ahora le aterra la muerte, le aterra estar lejos de su mujer amada
ya no por las imágenes ni el aerodinamismo,
ni la adrenalina ni la euforia
ni los besos ni el sexo
el poetastro ya no quiere la muerte porque de nada le sirve ser inmortal ahora,
pues Las Mort es ahora sino presente mas sensible con el L'amour.
Estando solo, el poetastro no mira la vida, estando enamorado,
el poetastro contempla una pelea que antes ganada de antemano, ahora se libra fuerte,
La Mort es fuerte en contra la vida
pero cuando L'amour se enfrenta a La Mort, solo hay fuegos y presiones
chispas y azotes que el poetastro mira ilusionado cual niño de 5 junios
Ya no hay resignación a la muerte
ya no hay miedo a la caida
L'amour verdadero brilla con la confianza y atraviesa todo atomo y antiatomo
todo espacio y tiempo
toda velocidad y aceleracion
L'amour se vuelve inmortal
y
¿que diferencia entonces entre L'amour valiente y bravo y La Morte fría y resignada?
a que se reduce tanto trajín y miedos, tantas inseguridades
que mueve al poetastro descubierto a enamorarse
si ya no importa ser poeta, si ya no importan los inviernos, ni nada de la existencia misma
¿que mueve al poetastro?
Un poetastro no lo sabe,
solo sigue una esencia a fresa añeja, miel y chocolate
que lo mueve por el mundo sin un rumbo fijo
lo zamaquea y sumerge en agua tibia
durante el resto de su enamorada vida.
pues el hoy el sabidisimo lector se pregunta
el porque de las notas reflejadas
entre tantos espejos y arañas tejidas
que quiere una vida frágil y ligera el sabidismo lector
y como ruegan las calaminas a los techos de fierro y concreto
¡hay de la lluvia si mi vida fácil fuera!
un poetastro sabe que hoy no es el día
y que tristemente nunca lo conocerá
un poetastro sabe que los poetas no nacen ni se hacen
los poetas mueren, es por eso que amamos la muerte
La dama del fúnebre crespón, de ojos verdes y pálida mirada
cuya sonrisa te destruye por dentro al mismo tiempo que hierbe tus carnales humores
Ella que asusta a muchos es acogida por nosotros
entre los pilares,
La Mort, con mayúscula pues es nombre propio, ¿de que? de la meta propuesta, del ideal a esperar, de nuestros sueños, de ser poetas. El poetastro sacrifica su tiempo su sangre y su carne y la ofrece a la vida, con la pseudoconfianza de que La Mort se nos acerque tiesa y fría y nos de la llave a la inmortalidad, el sello post-morte. La llave de La Mort eleva nuestros textos impuros y los limpia del sucio polvo de realidad encapsuladora y los libera a una generación de nueva de corazones rotos y sentimientos incomprendidos. Como los textos de Aristóteles, renaceremos cubiertos de polvo nuevo, ya muertos viviremos por siempre en los corazones y mentes nuevas que posen su mirada en nuestras profanadas lineas.
Al ser criaturas extrañas y torpes para la vida, el dolor frecuente
nos arremete y acostumbra a su aspereza, quedando solo la alegría de la superación y lucha
néctar casi dionisico, pero nada comparable con un verdadero de los dioses:
L'amour, el sentimiento que destruye nuestra inmortalidad y que nos sume en la mas completa y agonizante felicidad, para el poetastro enamorarse es la falta mas peligrosa y la acertada flecha mas hermosa. L'amour, aquel que nos arranca el dolor y lo provoca, una bocanada de aire seco a quien se ahoga, y una polvareda a un incendio destructor. L'amour lo es todo, pero le tenemos miedo.
L'amour no es predecible ni controlable, no es como la muerte apacible y acariciable. L'amour desgarra y hiere, sin embargo, aunque todos lo neguemos, es lo que en realidad mas buscamos.
El poetastro enamorado es como un ave que cae de lo alto, la sensación del viento, los paisajes, las figuras, formas y olores que invaden nuestras imágenes mentales y revolucionan nuestra vida son sustentados por un par de alas, los suaves pechos de una dama, los muslos ardientes, bellos brazos o aun mejor, profundos ojos.
El poetastro enamorado no quiere morir ya, ahora le aterra la muerte, le aterra estar lejos de su mujer amada
ya no por las imágenes ni el aerodinamismo,
ni la adrenalina ni la euforia
ni los besos ni el sexo
el poetastro ya no quiere la muerte porque de nada le sirve ser inmortal ahora,
pues Las Mort es ahora sino presente mas sensible con el L'amour.
Estando solo, el poetastro no mira la vida, estando enamorado,
el poetastro contempla una pelea que antes ganada de antemano, ahora se libra fuerte,
La Mort es fuerte en contra la vida
pero cuando L'amour se enfrenta a La Mort, solo hay fuegos y presiones
chispas y azotes que el poetastro mira ilusionado cual niño de 5 junios
Ya no hay resignación a la muerte
ya no hay miedo a la caida
L'amour verdadero brilla con la confianza y atraviesa todo atomo y antiatomo
todo espacio y tiempo
toda velocidad y aceleracion
L'amour se vuelve inmortal
y
¿que diferencia entonces entre L'amour valiente y bravo y La Morte fría y resignada?
a que se reduce tanto trajín y miedos, tantas inseguridades
que mueve al poetastro descubierto a enamorarse
si ya no importa ser poeta, si ya no importan los inviernos, ni nada de la existencia misma
¿que mueve al poetastro?
Un poetastro no lo sabe,
solo sigue una esencia a fresa añeja, miel y chocolate
que lo mueve por el mundo sin un rumbo fijo
lo zamaquea y sumerge en agua tibia
durante el resto de su enamorada vida.
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