jueves, 21 de abril de 2011

Condena!

De las que anuncian un final cruento, era una noche.
Nubes grises despejadas, nubes turbias en mi mente.
Camuflado el otoño en las sendas de mi corazón estaba.
No llovía a simple vista, mas lloraban los recuerdos.

Una hiedra, una rosa marchita y un cerezo,
los colores del destino
las fragancias del olvido.
¡Arden los pétalos!
¡Arde el destino!

¿De qué garabato estoy colgado?
Miro hacia adelante,
la gótica tumba que ha de esperarme.
Miro hacia atrás,
cuál largo el abismo.
¡Paranoia!¡Paranoia!

¡Que arda el ósculo infernal!-susurran los demonios-
Los ángeles aguardan.

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