Caminaba un sastre por las arenas del Mediterráneo. calmado allí, donde el sol oculta las sombras y las olas no llegan, pudo ver una vieja muñeca olvidada. Su rostro era triste, como el de una madre desolada. Sus ropas rasgadas y sucias eran cubiertas por otros desechos de colores marchitos.
Se acercó sin tocarla, sorprendido por el paradero de tan alguna vez, preciado bien de una niña. Perdido en sus ojos de negro plástico comenzó a preguntarse cómo llego a donde estaba, tanto en lugar como en forma. Ideó cientos de ideas en su cabeza, pero cómo...¿Qué mente despiadada elimina un bien tan romántico? Imposible. Lo más probable hubiese sido que no sea un bien de tan grande tesoro o que un tercero, ajeno y estúpido a una increíble historia lo desechase de sus bienes encontrados o comprados.
Quedóse viendo un poco más a la muñeca, sin inmutarse ni acercársele de más, como respetando una sagrada sepultura. Pensó en sus pensamientos que ni en la tumba mas desolada vio alguna vez tan triste historia.
Las olas rompían a lo lejos a la par de un ocaso deambulante.
Ya caída la noche, terminando de hilar los últimos cueros, tocan a la puerta del sastre. Un hombre andrajoso desea saber si le sobran algunas piezas de tela rota para poder parchar sus pantalones. Tan conmovido por los ojos de desesperanza del extraño, lo invito a pasar a cubrirse de la lluvia y a tomar algo de comer.
El desconocido era un ex-mercader que hace ya tres años que lo había perdido todo. Dio permiso con una ligera seña de las manos para que contase su historia y así procedió:
"Vivía con mi esposa e hija en una cómoda morada en la calle Peterheins, yo trabaja vendiendo especias traídas desde Asia. Las vendía buen precio sabe? ademas de que su popularidad se iba acrecentando entre los poderosos y los clérigos. Mi esposa mientras tanto se quedaba según ella cuidando a la niña. Esther se llamaba, era tan linda, la quería mucho. Recuerdo haberle comprado en su cumpleaños numero ocho una de esas muñecas chinas. Poco nos duro la gracia. Era la tarde cuando me entere que unos mamelucos habían interceptado la caravana y que por tanto, mi embarque no llegaría sino hasta en un par de días más. Regresé temprano a casa. Maldita sea aquella vez... Encontré a mi esposa con un sujeto llamada Olderose, que para colmo de dioses era mi competencia mercantil. Mi hija los veía temerosa desde un rincón. La habían golpeado.-¿como nunca sospecho nada?-Mi hija era muda...pero eso ya no va. Intente golpearlo con todo el odio que pudo caber en mi corazón. Fue en vano, me tumbó al suelo, tomó su abrigo, se despidió de mi esposa y marchó sin más.-¿y que paso después?¿Que hizo usted?-No hice nada, soporte la infidelidad por el bien de mi hija, la llevaba conmigo al trabajo, pero eso no solucionó las cosas... la situación se puso aún peor.
Mi hija jugaba en la trastienda cuando me llego un encargo de la corte municipal. me citaban a un juicio por omisión de pagos, cosas mercantiles...una acusación infame que pudo haber sido fácilmente resuelta de no haber sido por que mi desgraciada esposa escondió mis papeles y tributos. Tres meses estuve, tres malditos meses en corte para un fallo en contra. Lo perdí todo, mi negocio, mi esposa y lo mas importante, la custodia de mi hija...Pase 2 años en prisión, ahora me dedico a mantener con vida este pestilente cuerpo" Quedé perplejo con la historia del pobre sujeto. Le deje que duerma ese día en el granero y le regale algunos bienes que podrían serles útiles en el futuro.
La mañana siguiente ya no estaba. No dejo ni rastro de su estancia. Subí finalmente a el cuarto de trabajo y vi una carta. Dejaba en claro que era un caballero y que agradecía por mucho la hospitalidad que había tenido con él, pero que lamentablemente tendría que hurtar algunos pantalones. -Bendito sea dios por darme paciencia, pero maldita su manera de jugar las cartas con los buenos de corazón-dije dulceamargo de semejante situación.
Se acercó sin tocarla, sorprendido por el paradero de tan alguna vez, preciado bien de una niña. Perdido en sus ojos de negro plástico comenzó a preguntarse cómo llego a donde estaba, tanto en lugar como en forma. Ideó cientos de ideas en su cabeza, pero cómo...¿Qué mente despiadada elimina un bien tan romántico? Imposible. Lo más probable hubiese sido que no sea un bien de tan grande tesoro o que un tercero, ajeno y estúpido a una increíble historia lo desechase de sus bienes encontrados o comprados.
Quedóse viendo un poco más a la muñeca, sin inmutarse ni acercársele de más, como respetando una sagrada sepultura. Pensó en sus pensamientos que ni en la tumba mas desolada vio alguna vez tan triste historia.
Las olas rompían a lo lejos a la par de un ocaso deambulante.
Ya caída la noche, terminando de hilar los últimos cueros, tocan a la puerta del sastre. Un hombre andrajoso desea saber si le sobran algunas piezas de tela rota para poder parchar sus pantalones. Tan conmovido por los ojos de desesperanza del extraño, lo invito a pasar a cubrirse de la lluvia y a tomar algo de comer.
El desconocido era un ex-mercader que hace ya tres años que lo había perdido todo. Dio permiso con una ligera seña de las manos para que contase su historia y así procedió:
"Vivía con mi esposa e hija en una cómoda morada en la calle Peterheins, yo trabaja vendiendo especias traídas desde Asia. Las vendía buen precio sabe? ademas de que su popularidad se iba acrecentando entre los poderosos y los clérigos. Mi esposa mientras tanto se quedaba según ella cuidando a la niña. Esther se llamaba, era tan linda, la quería mucho. Recuerdo haberle comprado en su cumpleaños numero ocho una de esas muñecas chinas. Poco nos duro la gracia. Era la tarde cuando me entere que unos mamelucos habían interceptado la caravana y que por tanto, mi embarque no llegaría sino hasta en un par de días más. Regresé temprano a casa. Maldita sea aquella vez... Encontré a mi esposa con un sujeto llamada Olderose, que para colmo de dioses era mi competencia mercantil. Mi hija los veía temerosa desde un rincón. La habían golpeado.-¿como nunca sospecho nada?-Mi hija era muda...pero eso ya no va. Intente golpearlo con todo el odio que pudo caber en mi corazón. Fue en vano, me tumbó al suelo, tomó su abrigo, se despidió de mi esposa y marchó sin más.-¿y que paso después?¿Que hizo usted?-No hice nada, soporte la infidelidad por el bien de mi hija, la llevaba conmigo al trabajo, pero eso no solucionó las cosas... la situación se puso aún peor.
Mi hija jugaba en la trastienda cuando me llego un encargo de la corte municipal. me citaban a un juicio por omisión de pagos, cosas mercantiles...una acusación infame que pudo haber sido fácilmente resuelta de no haber sido por que mi desgraciada esposa escondió mis papeles y tributos. Tres meses estuve, tres malditos meses en corte para un fallo en contra. Lo perdí todo, mi negocio, mi esposa y lo mas importante, la custodia de mi hija...Pase 2 años en prisión, ahora me dedico a mantener con vida este pestilente cuerpo" Quedé perplejo con la historia del pobre sujeto. Le deje que duerma ese día en el granero y le regale algunos bienes que podrían serles útiles en el futuro.
La mañana siguiente ya no estaba. No dejo ni rastro de su estancia. Subí finalmente a el cuarto de trabajo y vi una carta. Dejaba en claro que era un caballero y que agradecía por mucho la hospitalidad que había tenido con él, pero que lamentablemente tendría que hurtar algunos pantalones. -Bendito sea dios por darme paciencia, pero maldita su manera de jugar las cartas con los buenos de corazón-dije dulceamargo de semejante situación.
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