miércoles, 22 de diciembre de 2010

Realidad

La guerra acabó.
Lavados los pastos rojos
en lágrimas de madres y pocas viudas, vestidas en crepones.


Despierto.
De garganta al cielo
y manos cansadas.
Sin arma ni escudo,
me encuentro fuera de Hiperion
mas allá de las montañas Albadía,
donde beben gigantes y descansan los poderosos.


Encuentro un manantial, cual amor soñado,
profundo y cristalino.
Desarmo la armadura y tiendo mi ropa,
me sumergí por completo
dejo que el cálido frío enjuague mis heridas
lave las sangres.
Bebo...
de inmediato, al llevarme esa agua a la boca
una luz me ilumina por dentro...
me dejo servir a la superficie
y sueño:

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