La guerra acabó.
Lavados los pastos rojos
en lágrimas de madres y pocas viudas, vestidas en crepones.
Despierto.
De garganta al cielo
y manos cansadas.
Sin arma ni escudo,
me encuentro fuera de Hiperion
mas allá de las montañas Albadía,
donde beben gigantes y descansan los poderosos.
Encuentro un manantial, cual amor soñado,
profundo y cristalino.
Desarmo la armadura y tiendo mi ropa,
me sumergí por completo
dejo que el cálido frío enjuague mis heridas
lave las sangres.
Bebo...
de inmediato, al llevarme esa agua a la boca
una luz me ilumina por dentro...
me dejo servir a la superficie
y sueño:
Y bueno, anduve tan aburrido alguna vez, que decidí ponerme a escribir. Ni el narrativo ni el dramatico, el Epico tal vez, pero nada me conforta más, que poder hundirme en un mundo de fantasía total donde las letras se fusionen si ataduras a la mas viva e infame historia de amor muerte resentimiento y paz. Escojo la poesia, los poemas y su delicada manera de colarse entre mis manos, mientras intento salvar algunos versos. Rojo verde y dorado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario